Su piel rugosa y dura, incomestible, su carne cremosa y su sabor entre anuezado y almendrado pero tierno poco hacen sospechar que se trate de una fruta. Sin embargo, lo es. Eso sí nutricionalmente el aguacate se acerca más a un fruto seco, lo que lo convierte en una rara avis entre las frutas: aunque escasas, aporta más proteínas (1,9%) que la mayoría de ellas, y sobre todo muchas más grasas (23%). Estas son, en su mayor parte, monoinsaturadas, como las del aceite de oliva, que ayudan a regular el colesterol y a prevenir los trastornos cardiovasculares. Como los frutos secos, contiene abundante vitamina E: 100 gramos de aguacate (223 calorías) cubren el 25% de las necesidades diarias de esta vitamina antioxidante. También aportan vitamina C (el 22% de la que se precisa al día) y vitaminas del grupo B (el 18% del ácido fólico y el 28% de la B6). Esos nutrientes lo convierten en un gran aliado de la piel. Protagonista del guacamole mexicano, resulta exquisito en ensaladas.

